Por Silvia Oroz
Escuchar a Aníbal hablar sobre tangos era una de las cosas mejores de mi vida. Cómo contextualizaba! Pero no lo hacía de una manera tradicional y si a partir del afecto. Y siempre colocaba una experiencia de él o algún recuerdo de la madre o las hermanas. Era como que el tango estaba internalizado en el con todo. Me hizo entender que Alberto Castillo era genial, las cantantes de los años 20-30 otro tanto. Canaro un músico privilegiado. Hablábamos también del único: el Cuchi Legizamon, a quien le tenía un respeto sacro. No le gustaba Hugo del Carril ante mis protestas. Tampoco le gustaba EL PAÑUELITO BLANCO O DESDE EL ALMA, decía que yo era mersa por ser apasionada por ellos. Una vez le pedí un CD de Tito Reyes, como se rió ante mi cursilería.
Nunca hable con él de Godard, o las MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO. Pero sí de JUAN SIN ROPA. Nos dio una verdadera lección de cine mientras veíamos el filme. En casa había visto LA FUGA, con Tita Merello cantando Nieblas del Riachuelo. Cuantas cosas me faltaron hablar, preguntarle a Aníbal.
Lo conocí a fines de 1992, en un congreso en Río de Janeiro. Estaba excitadísima porque iba a conocer a Aníbal Ford. Era de mañana y hacía calor. Cuando lo veo estaba con un amigo y una mujer. Me acerco y le extiendo la mano emocionada. Él me presenta a la mujer, Nora Mazziotti. Cuando escucho el nombre le digo "vos sos la del libro de Migre". No le di más atención a Aníbal y comencé un diálogo copioso con Nora que dura hasta hoy. Él siempre nos pedía para que profundicemos algún tema y no saltemos de una cosa para otra. Eso ante nuestra indiferencia.
Por eso y mucho mas NO HABRA NINGUNO IGUAL. Lo recordare siempre almorzando en la mesa de la cocina y con rapidez, alcanzar la última milanesa, ante la protesta de los hijos...
Y ADEMÁS ERA MUY LINDO...
Silvia Oroz es semióloga. Nació en Argentina pero vive en Brasil. Dicta la cátedra Géneros del espectáculo, en la facultad de comunicación de la Universidad de Brasilia.
|