Un faro de este mundo: Aníbal Ford, el habilidoso
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Un faro de este mundo: Aníbal Ford, el habilidoso
Por Rossana Reguillo


La complejidad no está reñida con la generosidad, ni la creatividad con el rigor. Esta pequeña fórmula me permite sintetizar lo que para mí ha significado el pensamiento, trabajo y obra de Aníbal Ford, un "border" en permanente movimiento, un transfronterizo que logró hacer del cruce entre disciplinas, de quehaceres, de pensamientos e ideas, una práctica cotidiana en la que se movía sin aparente esfuerzo. De la docencia a la literatura, de la gestión cultural a la investigación cuidadosa, de la comunicación a la crítica cultural, de la sociología crítica al ensayo audaz, Ford, navegó con destreza y derroche por las aguas bravas de la contemporaneidad.

Curioso irredento e irredimible, la suya era una curiosidad contigiosa, peligrosa en tanto se obligaba a llevar sus cuestionamientos hasta los límites de su propia pasión. No hubo ningún tema en su vasta obra que careciera de esa pasión creadora y total. Obsesivo pero nunca compulsivo, Ford colocó en la agenda de los estudios de la comunicación y los estudios culturales, temas fundamentales que sólo su condición de "border", su amplísimo saber y su cómoda relación con la literatura, le permitían. Quizás su novela Ramos Generales, publicada en 1986, sea, como metáfora, la expresión que mejor define el trabajo de este novelista investigador, de este ensayista poeta. Aunque, en nuestras últimas conversaciones la broma recurrente con la que me refería a él, era: escritor todo terreno.

Reviso ahora en mi biblioteca y encuentro por distintas partes, las huellas de mi amistad con Aníbal, el amigo cierto en tiempos de tormenta; el amigo alegre y generoso en tiempos de cosecha; el amigo demandante que no toleraba más de dos días de retraso en la respuesta a sus constantes correos para compartir un hallazgo, una preocupación, un proyecto. Pero no sólo descubro y constato su amistad, sino sus fuertes pisadas en la conformación de mi propio acervo de saberes. Volteo hacia la sección "ficción" y ahí aparecen: Oxidación, Del orden de las coníferas, Sumbosa, entre otras; giro la mirada hacia mis estantes de comunicación y estudios culturales y me topo con Navegaciones, La Marca de la Bestia, 30 años después, Resto del Mundo, trozos del pensamiento de Ford, atraviesan mi propio trabajo y no fueron pocas las críticas, siempre generosas, comentarios y ayudas que me brindó; tampoco fue tacaño en su entusiasmo frente a algunas de mis ideas y avances de investigación. Y quizás, porque nuestra amistad se hizo de encuentros efímeros, intermitentes, marcados por coyunturas de trabajo, la conversación que iniciamos en 1992, no tuvo tregua y fue siempre intensa, urgente, perentoria, así como él fue.

Nuestra primera conversación transcurrió en Acapulco, como telón de fondo, un pacífico azul y unos cuantos miles de estudiantes de comunicación de América Latina, sirvieron de marco para ratificar que nuestras diferencias generacionales quedaban saldadas por un conjunto de preocupaciones compartidas. Fue en esa ocasión en la que conocí a Nora Mazzioti su compañera de travesía y a quien me une, también una amistad a prueba de kilómetros. Durante esos días, veloces, un pequeño grupo hizo una excursión al cine, el filme al que asistimos como un combo compacto pero variopinto de latinoamericanos, fue Cabeza de Vaca, una película mexicana basada en el libro Naufragios del conquistador Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que narra la aventura y desventura de la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida. El dato viene a cuento, porque a la salida del cine, Aníbal y yo nos enfrascamos en una larga discusión en torno a lo fallido de la producción para dar cuenta de los problemas de la interculturalidad y el dejo "folklorizante" con el que se describe a los indígenas en la película y al poco convincente giro cultural del propio Cabeza de Vaca. Fueron este tipo de conversaciones los que marcaron nuestros futuros encuentros y diálogos compartidos.

Siempre me sorprendió su capacidad para estar en el mundo, para detectar a la manera de un sismógrafo, los movimientos que por sutiles que fueran representaban o representarían procesos claves para la sociedad contemporánea. El anticipaba, ya en un anuncio publicitario, en una nota periodística, en un libro, una película, un artículo, o en una fotografía y con esos materiales, armaba sus análisis del mundo. Con La Marca de la Bestia (1999), anticipó un conjunto de temas claves que en la década del 2000 se han convertido en agenda obligada para los estudios de la cultura y la comunicación. Ford se adelantó a señalar la importancia del control social que se perfilaba a finales de la década de los 90 a través no sólo de los medios, sino de las industrias culturales y los holdings "culturales" y políticos que expandían sus dominios. La sociedad de la vigilancia que ha generado importantes y numerosas reflexiones y análisis (la más reciente, el libro de Armand Mattelart, Un mundo vigilado), tuvo en La marca de la bestia, un análisis pionero. Señala Ford: "Mientras la información acerca de la sociedad avanza sobre grandes masas de población, mediante sofisticados y peligrosos sistemas de formalización -toda tipificación significa la amputación de variables-, la información que se brinda a la ciudadanía es cada vez más caótica, sucia y turbulenta (p. 11).

Sin duda, desde la publicación de esa obra seminal, la "información" que se brinda a la ciudadanía no traiciona -lamentablemente-, los análisis y posiciones de Ford, al respecto. El control avanza en detrimento de la llamada sociedad del conocimiento. Pero más allá del tema concreto, escogí precisamente ese fragmento de entre las 319 páginas del libro, porque encierra, a mi juicio en una frase, el pensamiento de Aníbal Ford: "toda tipificación significa una amputación de variables", dice. Y es justo su preocupación por no amputar el pensamiento, por hacerse cargo de la honda y opaca realidad lo que guiaba sus reflexiones, su producción entera. Su preocupación por restituir complejidad otorga a su mirada una capacidad analítica y una potencia crítica que enriquecen el desolado horizonte de la comunicación de masas y la tensa posición del intelectual en estos contextos. Al respecto vale la pena acudir a Martín Hopenhayn, en su imprescindible ensayo "Intelectuales latinoamericanos en busca de relato":

"El latinoamericanismo estalla en múltiples actores portadores de distintas lógicas y mundos de vida sobre los cuales se vuelca el intelectual crítico junto al etnógrafo. Se trata de un lenguaje que habla menos de mestizaje y más de diferencia, y que al referirse a la identidad piensa sobre todo en territorio, género, campo de lucha o autodeterminación. Los términos del día en este nuevo imaginario del conocimiento, tanto de la academia local como global, son el multiculturalismo, la hibridación, la subalternidad, el travestismo (en amplio sentido) o la contrahegemonía. El latinoamericanismo se diluye en los cruces Sur-Sur o Sur-Oriente de los estudios culturales y poscoloniales, pero a la vez América Latina se puebla de significantes que dan la vuelta al mundo aportando su cuota de insumisión y refinamiento interpretativo. El intelectual-hermeneuta logra conciliar, sea mediante el ritual en boga de la investigación-acción, de la deconstrucción aplicada o de la construcción comunitaria de sentido, su pasión por lo singular (y su contrapartida, lo plural), su afinidad a lo alternativo, la legitimación de sus propias prácticas, y su difusa militancia del lado de la izquierda.



Aníbal Ford, supo interpretar los giros y tensiones del trabajo intelectual y detectar como pocos, la necesidad de un pensamiento "refinado", al tiempo que insumiso. Sin abandonar nunca sus pretensiones de universalismo, como puede apreciarse claramente en sus obras, por ejemplo en Navegaciones (1994) y en La Marca de la bestia (1999), Ford, jamás perdió su pasión por lo singular, a la que nunca entendió como "casuística". Por el contrario, sus objetos, siempre fueron analizadores culturales de procesos complejos y globales, y advertía "el crecimiento de la casuística [o la trampa del exeplum, como también la llamó], es la contracara de la opacidad del poder" (Navegaciones; 226). Para Ford, lo fundamental era un pensamiento crítico capaz de mirar lo estructural en lo singular, no permitir jamás que el análisis de lo privado, lo cotidiano, oculte los grandes procesos.

Releo nuestra intensa correspondencia y descubro dos claves con las que quisiera concluir este pequeño ensayo-homenaje. De un lado, su obsesión minuciosa y productiva por lo que él llamaba el "descorazonamiento frente a las zonas duras de los medios" y por el otro, su esperanza laica en la posibilidad de la emergencia de argumentaciones alternas, relatos otros, capaces de irrumpir en la retícula de los grandes discursos. Crítico y esperanzado, irónico y utópico, sus obsesiones lo acompañaron de manera tan fecunda, que deja tras de sí, una vasta obra, un ejército de pensadores que se formaron en sus aulas, en su estudio y una larga lista de temas fundamentales que son hoy agenda.

Guardo con celo y con orgullo, la dedicatoria de su libro-homenaje 30 años después. 1973: las clases de introducción a la literatura en Filosofía y Letras y otros textos de época (2004) que fue editado por la Universidad Nacional de La Plata, un libro importante para entender no sólo la obra de Ford, sino el cómo llegamos a esta orilla de la historia. Puedo leer, con tristeza pero con alegría su letra firme: "Para la Rossana beep (que era una clave personal para llamarnos) del joven Ford y por los 30 años que van a venir peleando contra los malos y para que nos aprovechen de nuestra nobleza. Con el afecto profundo e inalterable de Aníbal". En nuestro campo, los rituales suelen eludir las dimensiones personales y los afectos; yo, no puedo renunciar a decir que los amigos de travesía son aquellos por quienes se juega a fondo, con la certeza de que la amistad es política y los afectos, transformadores. Aquí estamos Aníbal, peleando "contra los malos", con la certeza de que muchos de esos miles de jóvenes que escucharon tus lecciones en Marcelo T, seguirán peleando a su manera, tus peleas. Ese es el secreto y la fuerza del habilidoso.

Guadalajara, Febrero 2010


Rossana Reguillo
Profesora-investigadora
Departamento de Estudios Socioculturales
ITESO

Para Nora y su tribu
con afecto




Rossana Reguillo es mexicana, Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Antropología Social. Es profesora-investigadora en el Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, en Guadalajara. Sus líneas de investigación son las culturas juveniles, cultura urbana, movimientos sociales y socioantropología de las emociones. Es autora de varios libros, entre los que se encuentra: La construcción simbólica de la ciudad. Sociedad, desastre, comunicación (1996); Ciudadano N. Crónicas de la Diversidad (1999); Emergencia de culturas juveniles en América Latina. Estrategias del Desencanto (2000); Horizontes Fragmentados. El (des) orden global y sus figuras (2005). Cuenta con más de un centenar de capítulos en libros colectivos y artículos en revistas.

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